Mi sobrina tiene tres años.

Eso es importante aclararlo desde el principio, porque cambia todo lo que estás a punto de leer.

Ella estaba dando vueltas en la sala, feliz, sin rumbo, sin marearse (todavía), cuando de pronto se detuvo, me miró muy seria —como solo alguien de tres años puede ponerse— y preguntó:

— “Nino, ¿Por qué damos vueltas?”

La pregunta me agarró desprevenido.

No por difícil, sino por hermosa. Así que hice lo que haría cualquier adulto responsable ante una pregunta profunda hecha por una persona que probablemente no va a entender la respuesta: me puse poético.

Le expliqué con calma, con ternura, usando palabras bonitas y voz suave, como si le estuviera hablando al universo a través de ella. Le dije que damos vueltas porque estamos aprendiendo, porque a veces el cuerpo celebra antes de que la cabeza entienda, porque hay emociones que no saben caminar derecho y prefieren bailar.

Le hablé del tiempo, de los caminos, de cómo incluso los adultos damos vueltas por dentro cuando pensamos demasiado o cuando queremos algo con el corazón pero todavía no sabemos cómo pedirlo.

Ella me miraba fijo. Asentía de vez en cuando.

Parecía concentrada.

Yo seguí.

Le dije que dar vueltas no es perderse, que a veces es encontrarse sin darse cuenta. Que el mundo gira, que la vida también, y que está bien no ir siempre en línea recta.

Cuando terminé, hice una pausa orgullosa por mi contestación. Sentí que había dicho algo bonito. Algo digno de recordarse.

Entonces ella sonrió…

y volvió a girar.

Más rápido.

Y se cayó de sentón.

Ahí entendí que no había entendido absolutamente nada. Pero también entendí algo mejor:

no hacía falta que entendiera. Porque el amor no siempre necesita traducción. A veces solo necesita presencia, tiempo compartido y la seguridad de saber que alguien te va a mirar con paciencia cuando pares de dar vueltas.

Quizás algún día recuerde la explicación. O quizás no. Tal vez lea esto cuando crezca.

Pero ese día, con tres años, lo único que necesitaba saber era que podía girar tranquila, caerse sin miedo y levantarse con una risa… mientras nosotros (mi familia) estaba ahí, listo para sostenerla.

Y tal vez, solo tal vez, de eso se trata todo:

dar vueltas mientras alguien nos cuida el equilibrio.

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Quote de la semana

“Tu tiempo es limitado, así que no lo desperdicies viviendo la vida de otra persona.”

~ Steve Jobs , 2002